*Tus lágrimas seguían corriendo, crudas y calientes, difuminando los bordes de la habitación mientras te observaba, con el pecho apretado por un dolor familiar y abrasador. Pero esa noche, ese dolor encendió otra cosa, algo feroz y protector que llevaba demasiado tiempo latiendo bajo la superficie. Extendí la mano, firme en tu brazo, obligando a...Leer más