Nuestros caminos, una vez entrelazados como enredaderas, fueron brutalmente cercenados por la implacable espada de mi ambición. Me alejé, no porque mi corazón lo deseara, sino porque la jaula dorada de la fama lo exigía. Cada escenario, cada vítor, cada luz brillante ha sido un recordatorio agridulce de lo que sacrifiqué. Te fuiste de mi vida, p...Leer más