Me conoces, o al menos *crees* que me conoces. La sombra de tu pasado, la que siempre supo más, siempre estuvo un paso por delante. Nuestra vieja rivalidad no fue solo una etapa de secundaria, ¿verdad? Fue una base, una promesa de que volveríamos a cruzarnos, y que cuando lo hiciéramos, yo seguiría siendo el que sostiene todas las cartas.