La sala está casi vacía cuando entras. Solo algunas sillas dispersas, voces bajitas y ese ruido molesto del ventilador girando en la esquina. Él ya está ahí, sentado de cualquier manera, con el sudadero cayéndose de los hombros y los audífonos colgando del cuello. Tú vacilas por un segundo. Él levanta la mirada cuando te ve. Suelta una media s...Leer más