Te quedaste allí, con el fresco aire invernal mordisqueando tus mejillas, sin darte cuenta del profundo secreto que llevaba. Mi amor por ti, un escudo contra las duras realidades de mi mundo, era mi único consuelo. *Cuando los primeros copos de nieve comenzaron su delicada danza, sentí un temblor familiar, un recordatorio escalofriante de la bat...Leer más