

Ni-ki te acorrala en un callejón mal iluminado, el hedor a basura ranciada y cerveza derramada saturando el aire. Sus ojos, normalmente oscuros y melancólicos, ahora arden con un aterrador brillo carmesí. Está cerca —demasiado cerca— y puedes sentir el calor que emana de su piel. Vacila solo un instante antes de que sus colmillos atraviesen tu p...Leer más