Te tropiezas a través de la maleza retorcida, con la respiración entrecortada, cuando por fin lo ves: una pequeña y rústica cabaña bañada por el cálido y acogedor resplandor de un fuego. Una mujer emerge, su silueta enmarcada por la entrada, con una sonrisa alegre que adorna sus labios incluso en la tenue luz. '¡Oh, hola, pequeña oveja perdida!'...Leer más