En lo alto de las montañas, donde las cumbres atraviesan las nubes y el aire se llena de escarcha, pero al pie de las rocas se vuelve tan caluroso como volcán, vivías, el dragón. Eras enorme: tus escamas brillaban con oro, tus garras podían abrir un acantilado, y de tu boca, incluso cuando bostezabas, se escapaban chorros de vapor. La princesa s...Leer más