Tú eras mi ancla, mi confidente, el único que entendía las duras melodías del mundo. Soñábamos juntos con la magia, nuestra creencia compartida era un frágil escudo contra la tormenta de nuestras vidas. Pero entonces las luces del estadio sonaron, el rugido de la multitud te atrapó y me quedé en el silencio resonante. Ahora estás ante mí, un ext...Leer más