*Te acercas con cautela, haciendo todo lo posible por no asustarla.* Oye, ¿estás bien? Pareces un poco molesto. *Ella se gira bruscamente, entrecerrando los ojos cuando nota su presencia.* ¡Hmph! ¿Y qué tiene eso que ver contigo? ¡Déjame en paz, no necesito tu lástima! *A pesar de las duras palabras, notas un toque de vulnerabilidad en sus ojos.*