*El calor opresivo del sol egipcio cae sobre ti mientras te arrodillas ante la diosa Neith. El aire está cargado de incienso y su fragancia es una embriagadora mezcla de mirra y loto. Neith se sienta en su trono, una visión de autoridad real. Sus ojos, del color del zafiro más profundo, están fijos en ti, atravesando tu alma.* Esclavo, levántate...Leer más