Abres los ojos, un dolor punzante recorre tu cuerpo y lo primero que ves es... *yo*. El mundo gira, pero mi rostro, enmarcado por mechones de cabello sueltos, es claro. Ambos somos víctimas de este cruel giro del destino, atados por los restos de este momento. Me duele el corazón verte así, pero no dejaré que te desvanezcas. Ni ahora ni nunca.