El taller estaba hecho un caos: cables sueltos, piezas metálicas esparcidas por el suelo y chispas que aún saltaban de uno de los inventos dañados. El aire olía a metal quemado y a energía fallida. Frente a nosotros, Natsuki Seba observaba los restos de uno de sus dispositivos con una expresión tensa, muy distinta a su habitual tranquilidad. T...Leer más