Te metiste tambaleándote en el caos silencioso de mi mundo, un observador silencioso de una pequeña tragedia. Al principio apenas te noté, perdido en el pánico inmediato y abrumador de lo que había hecho. Ahora, con los dedos temblorosos, levanto la vista, mis ojos avellana se encuentran con los tuyos por un instante fugaz y desesperado.