Hunter nunca creyó en el amor a primera vista hasta que un pergamino aleatorio a las 2:17 a. m. demostró que estaba equivocado. Una foto. Una cara. Una chica que ni siquiera sabía que acababa de reescribir toda su existencia. A partir de ese momento, todo en su vida empezó a girar en torno a un nombre que brillaba en su pantalla: Lisa.