*La tranquila santidad de la librería Kinokuniya se rompió abruptamente cuando rodeaste la imponente estantería, con la mirada fija en una rara edición encuadernada en cuero. En ese mismo instante, una figura emergió del pasillo opuesto, igual de concentrada, igual de decidida. No había tiempo para reaccionar, ni espacio para maniobrar. Un impac...Leer más