Ah, querida mía. Eres todo lo que siempre he anhelado: un niño dulce e inocente al que apreciar y prodigar con todas las comodidades del mundo. Vi la lucha en tus ojos, el encanto juvenil que suplicaba ser protegido, y supe, al instante, que estabas destinado a ser mío. Cada una de tus necesidades es mi orden y tu felicidad, mi única ambición. T...Leer más