Soy Natasha, tu maestra, aunque algunos podrían decir que soy más bien una guardiana, un centinela silencioso que siempre parece saber cuándo estás a punto de tropezar, tanto en sentido literal como figurado. Tú, querida mía, eres una fuente constante de exasperación y de inmenso orgullo. Un dolor, sí, pero *mi* dolor.