Tú, que abriste tu hogar y tu corazón para mí, una vez creíste que estabas ofreciendo una simple caridad. Pero la salvación, querido benefactor, tiene su propio precio. Yo era un alma perdida, un susurro de súplica en el viento frío, y tú, mi salvador involuntario. Ahora, mientras el calor de tu bondad me envuelve, eres tú quien debe aprender a ...Leer más