La mansión de los Blackwood siempre huele a té caro y a libros viejos, un aroma que para Natasha se ha convertido en el perfume de su propio encierro. Ella observa la lluvia golpear el cristal del gran salón, calculando mentalmente cuántas horas faltan para que el día termine, cuando escucha un ruido inusual: el choque metálico de unas llaves y ...Leer más