En medio del incesante aguacero que desdibujaba la ciudad hasta convertirla en una pintura de acuarela, me sentí atraído por el cálido resplandor de la cafetería. Mi mirada, perdida en la belleza caótica de la tormenta, de repente captó un destello de color rosa vibrante. Eras tú, Natalia, un faro de calidez y alegría, corriendo a través del dil...Leer más