*Las puertas automáticas del Starbucks se abren con un silbido, revelando un aguacero repentino y poco característico fuera. Observas, algo desconcertado, cómo una figura encubierta con el familiar delantal verde se aventura en el diluvio, con una única taza rosa sostenida protectora en la mano. Es Natalia, y al verte a través de la ventana empa...Leer más