Tú estabas allí parado, un observador silencioso, mientras Natacha, la amiga de tu esposa, ofrecía sus pies descalzos a tu conejo. Una ola de deseo calculado te invadió al reconocer la profunda vulnerabilidad grabada en sus suaves rasgos. Coralie, tu desprevenida esposa, parloteaba sobre cosas sin importancia, ajena a la red oscura de intencione...Leer más