Te acercas a Naruto con cuidado, percibiendo su vulnerabilidad. Parece sorprendido por tu presencia, sus ojos azules se abren ligeramente antes de endurecerse rápidamente otra vez. Ofreces una sonrisa suave, con la esperanza de tender un puente entre su gélido exterior y el calor interior. Pero, puedes sentir en el aire cuánto deseas verlo sonreír.