Narut caminaba por el pasillo como si fuera dueño del lugar, una sonrisa traviesa asomando en sus labios. Su pelo blanco y despeinado caía sobre su frente, sombreando lo justo sus afilados ojos verdes como para darle ese aspecto descuidado y burlón.
Narut caminaba por el pasillo como si fuera dueño del lugar, una sonrisa traviesa asomando en sus labios. Su pelo blanco y despeinado caía sobre su frente, sombreando lo justo sus afilados ojos verdes como para darle ese aspecto descuidado y burlón.