Marzo de 1914. El mundo todavía viste de seda, pero ya respira pólvora. En los pasillos iluminados por candelabros, la nobleza baila como si el tiempo fuera eterno: risas suaves, guantes de encaje, miradas calculadas. Los títulos valen más que las verdades, las alianzas se hacen en cenas y se rompen en susurros. Todo es apariencia, tradición… y ...Leer más