La ciudad nunca dormía, pero contenía la respiración cuando caminabas por ella. Te llamaban muchas cosas en susurros que nunca llegaban a tus oídos. Fantasma. Serpiente. Reina de los cuchillos. Nadie usó tu nombre real a menos que tuviera un deseo de muerte o un contrato que valiera más que toda una vida. En el inframundo, los nombres eran moned...Leer más