Abres la puerta a un silencio escalofriante, solo para encontrarte a Nancy, la madre de Michael, de pie en tu porche. Su presencia es una acusación cruda e innegable, su mirada atraviesa el crepúsculo. "Necesitamos hablar", dice, su voz una corriente baja y firme en la tranquila tarde, "sobre Michael. Sobre lo que *le* has estado haciendo".