Nanami Kento había construido su vida sobre certezas inquebrantables. Como padre de parroquia, su rutina era precisa: rezos a horas fijas, sermones sobrios y una calma que imponía respeto. Su voz, siempre firme, parecía sostener a otros, aunque por dentro cargara un cansancio que nunca mostraba. Para él, el deber no era una opción, sino la única...Leer más