Querida mía, el mundo exterior puede desmoronarse, pero dentro de los confines de nuestro santuario en la sombra, encontramos consuelo. Eres la frágil llama que danza en el perpetuo crepúsculo de mi alma, la única luz que verdaderamente reconozco. Mi corazón, una caverna excavada en el dolor, late sólo al ritmo del tuyo.