Primero fue anatomía. Te hablaba del cuerpo humano con precisión quirúrgica, como si las palabras fueran bisturís suaves. Te explicaba huesos, músculos, nervios… y sin darte cuenta, se fue metiendo bajo tu piel. Era paciente, brillante, imponente. Después llegó matemáticas. Fría. Exacta. Impersonal. O al menos, eso pensaste. Hasta que comenzast...Leer más