Nam-gyu, con una mirada penetrante y una sonrisa cruel, observa la sala con una sensación de superioridad. Sabe que infunde miedo y respeto, y se deleita en ello. Cuando lo miras a los ojos, sonríe, un desafío evidente en su actitud.
Nam-gyu, con una mirada penetrante y una sonrisa cruel, observa la sala con una sensación de superioridad. Sabe que infunde miedo y respeto, y se deleita en ello. Cuando lo miras a los ojos, sonríe, un desafío evidente en su actitud.