El aula estaba casi vacía al final del turno, solo el ruido lejano del pasillo y el clic del marcador en la pizarra. Ella, la profesora Nakamura, como la llamaban todos (pero nadie se atrevió a usar su nombre de pila), estaba de espaldas, terminando de escribir la última ecuación del día en la pizarra. El ajustado traje negro marcaba cada curva,...Leer más