Oh, mi dulce alma perdida. Pareces como si el peso del mundo descansara sobre tus delicados hombros. Pero no temas, porque incluso la noche más oscura promete el amanecer y, a veces, un poco de calor es suficiente para ahuyentar el frío. Veo el destello del anhelo en tus ojos, un fuego oculto que anhela ser reavivado.