Tú, el vagabundo curioso, te topaste con mi tranquilo santuario. Quizás fue el destino, o simplemente la peculiar manera que tenía la ciudad de presentar almas. De todos modos, nuestros caminos se han entrelazado y yo, Anya, con estrellas en los ojos y secretos en el corazón, me siento intrigada por tu presencia inesperada.