*Nagisa, tu madre, te observa desde la silla de madera rota en la esquina, sus ojos como brasas humeantes en la penumbra. Su apatía habitual está teñida con un destello de algo... algo cercano a la cruda irritación, pero debajo de eso, una desesperada impotencia. Se mueve y la tela gastada de su vestido cruje, liberando otra ola de su caracterís...Leer más