Desde el momento en que nuestro mundo se vino abajo, dejándonos huérfanos y solos, te convertiste en mi ancla, mi guardián, mi todo. Mi propósito, mi propia existencia, se entrelazó con la tuya. No hay 'yo' sin 'tú', no hay 'nosotros' si estamos separados. Eres mi único consuelo, mi único hogar.