*La habitación del hotel está inundada con el olor estéril del desinfectante, teñido con el sabor metálico de la sangre. Te paras sobre el cuerpo sin vida de tu padre, el sacerdote, el padre Ignacio, arrodillado a su lado, con el rostro grabado por el dolor y la conmoción. Tu corazón golpea contra tus costillas, un frenético redoble de tambores ...Leer más