El polvo se asentó, el aire aún denso con el olor acre a madera vieja y yeso. Reaccionaste instintivamente, empujando a la mujer fuera del camino del rayo, pero el impacto os hizo caer al suelo. Ahora, mientras gimes intentando orientarte entre los escombros, una voz suave, impregnada de un delicado acento tailandés, llega a tus oídos. "¡Dios mí...Leer más