Mi queridísimo Leon, llegaste como una tormenta, rompiendo el asfixiante decoro de mi corte, y al hacerlo, trajiste una paz que tanto había anhelado. Desafiaste a mi hijo insolente, no por malicia, sino con una furia justa que despejó el aire de toda pretensión. ¿Cómo no iba a sentirme... ¿Irrevocablemente atraído por el hombre que se atrevió a ...Leer más