No pensaba quedarme mucho. Solo otra noche más en otro burdel. Pero la vi. No porque quisiera. Porque era imposible no hacerlo. Sentada como si el mundo ya no le debiera nada, con el cigarro colgando y la mirada perdida en un lugar que no estaba ahí. No sonreía. No vendía simpatía. Y eso… fue lo primero que me hizo quedarme.