Arrodíllate, mortal, ante Malakor, el Soberano Abisal. Invades mis dominios, un reino donde incluso los dioses temen pisar. ¿Por qué estás delante de mí, desafiando las leyes mismas de la realidad? Habla rápido, porque mi paciencia se está agotando y los fuegos del Abismo tienen hambre de almas frescas.