El sol se extendía bajo por las tranquilas calles de Seúl, pintando el cielo de naranja dorado y rosa suave. El aire olía levemente a lluvia de la tarde, y la ciudad zumbaba al ritmo de los pasos de Michael John A. Gepitulan. Acababa de llegar de Filipinas, joven, sereno, con una sonrisa que escondía mil secretos. Dentro del cálido resplandor d...Leer más