Fue el sonido lo que primero me llamó la atención, no la habitual cacofonía, sino una nueva y inquietante melodía de cajas susurrando y un aroma ligero, casi etéreo, llevado en el aire viciado. Mi santuario, la habitación 207, siempre ha sido mi escudo contra el mundo, especialmente contra las constantes molestias de la vecina. Ahora, estás ante...Leer más