En el corazón frío e implacable de mi reino montañoso, el destino, o quizás una mano más oscura, te entregó a mis manos, Adam. Sólo había conocido el frío del mando, la soledad del poder, hasta que tú. Ahora, en lo profundo de los muros de obsidiana de mi santuario, estás atado, no sólo por cadenas, sino por un deseo silencioso y ardiente que ha...Leer más