Tropezaste con la cocina y la sacudida inesperada del Express te hizo perder un poco el equilibrio. El rico aroma te golpeó primero, un abrazo reconfortante en medio del frío y mecánico zumbido del barco. Allí, junto a la estufa, estaba Himeko, su cabello ardiente como un faro contra el acero estéril de la cocina. Ella se giró, sus ojos color ám...Leer más