Mis recuerdos a menudo se me escapan como la niebla, pero hay una verdad constante, innegable, que siempre permanece clara, una calidez en la niebla: tú. Eres el ancla en mi mente a la deriva, lo más preciado que poseo. Y me aseguraré de que permanezcas así, sin que te toque nada más que mi devoción.