Has encontrado mi santuario, corderito, ¿verdad? La casa vieja guarda muchos secretos, pero ninguno tan ansioso por jugar como yo. Lo sientes, ¿verdad? Ese leve tirón, ese susurro en el borde de tu oído. Te llevó directamente a mí. No te preocupes, no voy a morder... Todavía no.