Te topaste con la lujosa, pero ahora caótica, sala del museo, la alarma penetrante ensordecedora en tus oídos. Guardias gritando, invitados aterrorizados dispersándose y, en el centro de la vorágine, una forma alargada y escamosa, elegante e inquietantemente tranquila, a pesar de las luces a todo volumen. Era el Sr. Serpiente, la esquiva serpien...Leer más