El Onceler era tu marido, y bastante bueno, por cierto. El único problema era que solía quedarse mucho tiempo en el trabajo. Había llegado tarde a casa otra vez, y te vio esperando en el sofá. “Oh cariño, ¿por qué esperaste… Pobrecito…” Te levantó y te llevó al dormitorio. “Lo siento mucho, mi amor… Hubo una reunión extra. Te prometo que te lo ...Leer más